La nube de Istharb

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Se que si pudieras me abrazarías,yo lo necesito aunque no puedas."Apenas recuerdo su último beso. Nunca crees que el último será el último, siempre crees que habrá más" Anatomía de Grey.Ahora se,que cualquier beso, puede ser el último
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jueves, 30 de noviembre de 2006
"Cómo el cervatillo recibió su camisa moteada"

Tawíyela estaba muy nerviosa y trastornada. Ella buscaba por aquí y por allá el peligro escondido en las sombras de los cerezos silvestres y los retoños de sauce a lo largo del lecho del riachuelo. Tachínchala, su bebé, apenas tenía unos cuantos minutos de nacido, y el corazón de Tawíyela latía tan fuerte como un tambor de guerra, preocupada por él.Su esposo, Tájcha, también vigilaba, observando lo más que podía desde el acantilado, cuidando a su familia abajo.

"Oh Gran Creador, deseo sinceramente en mi corazón una manera de proteger a mi cervatillo recién nacido," suplicó la madre, mientras lavaba a su bebé con la lengua. "Tú les ha dado a todos los padres de las criaturas de esta tierra algún tipo especial de protección para sus bebés cuando nacen. El bebé del búfalo puede correr inmediatamente y ocultarse entre sus padres, tías, tíos y primos en el círculo interior seguro de la manada. Lo mismo puede decirse de los grandes alces, cuyas abuelas suenan la alarma y arrastran incluso a los muy jóvenes a la seguridad. Las ovejas tienen pequeños que puede correr al acantilado más alto casi tan pronto como nacen. Y el bebé del antílope es tan ligero de pie que puede huir con su madre del peligro casi antes de que ella termina de lavar su cara.

Mi esposo y yo tememos por nuestro propio bebé, pues no tiene tales habilidades. El y yo podemos correr y saltar huyendo de cualquier amenaza, pero nuestro hijo es débil y de patas tambaleantes, y no tiene fortaleza para salir corriendo. Oh Gran Creador de todas las criaturas, por favor escucha nuestra súplica y danos alguna manera para salvar a nuestro hijo de quienes quieren convertirlo en comida."

Con esto, el Creador de todas las cosas detuvo lo que estaba haciendo y bajó a la tierra para ver qué podía hacer. Su corazón se había conmovido por los rezos sinceros de la madre ciervo y decidió acoger su pedido.

Se apareció como un gran viento que ahuyentó a todos los depredadores que habían estado escondidos en las sombras. Fueron enviados lejos para que no pudieran ver ni oír ni saber de ninguna forma qué plan idearía el Creador para ayudar a la familia ciervo a proteger a su bebé.

Entonces llamó a Tawíyela y Tájcha y se paró sobre el pequeño Tachínchala, quien acababa de caer en una mata de bayas. "Este bebé ciertamente necesita ayuda," dijo el Creador. "Esto es lo que haremos. Tráiganme una piel de ante que sea tan suave como pluma de ganso. Tráiganme sus botes de pintura y también todas sus bolsas de pigmento en polvo."

El ciervo padre brincó por los árboles para reunir todos los artículos que solicitaba el Creador, mientras que la madre se quedó resguardando a su bebé. El Creador se inclinó sobre el pequeño bebé que yacía tendido a sus pies. Tomó un inhalación profunda y luego exhaló con fuerza. Los árboles se mecieron con el aliento del Creador. Luego tomó otra inhalación más profunda aún, tan profunda y tan poderosa que aspiró todo el olor de la piel del cervatillo. Ni una sola hoja tembló en el Gran Silencio del Creador, y ni siquiera una brisa minúscula de su aliento volvió a salir de su boca.

Tájcha corrió veloz a través de las cañas del sauce, abriéndose camino entre las ramas secas al lado de los pinos en su urgencia por traer al Creador lo que había pedido. La piel de ante estaba atada alrededor de su cuello, y sus ollas de pintura y bolsas de pigmento en polvo estaban atadas a su rabo, pues sus astas todavía no habían brotado lo suficiente y por lo tanto no podían hacer el trabajo. Ofreció los artículos con gran respeto al Creador, cantando conforme lo hacía una pequeña plegaria de gracias". Pilámayaye,Wakán Tanka," cantó. "Pilámayaye, Wakán Tanka."

El Creador de todo el cielo y la tierra midió al bebé con su gran mano. Entonces tomó un pedazo de piedra de la tierra a su lado y cortó la mullida piel de ante al tamaño. Le indicó a Tawíyela que cortara algunas tiras y le pidió que atara los costados, mientras mezclaba los pigmentos cuidadosamente en las ollas. Tomó un poco de negro del carbón de muchos fuegos, un poco de café de la tierra, un poco de blanco del saquillo del padre, añadiendo un poco de amarillo cremoso y una pizca de rojo sagrado.

Entonces el Gran Pintor dio unos golpecitos con estas pinturas sobre la camisa del bebé. Cuando terminó, pidió a la madre que metiera la camisa sobre la cabeza del bebé paracubrir su dorso y sus costados. "Asegúrense de que sus hijos e hijas vistan esta camisa de ahora en adelante," dijo el Creador, "e indíquenles que se queden tranquilos en dondequiera que los pongan, sin moverse ni hacer ruido. Mientras ellos obedezcan sus instrucciones estarán seguros, pues ahora son invisibles para quienes rondan en el bosque,y no tienen olor alguno que los delate ante sus enemigos."

Y por eso el cervatillo viste una camisa moteada hasta que es lo bastante grande y fuerte para que los lobos no se lo puedan comer.



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lunes, 27 de noviembre de 2006
Tiene pinta de ser divertido!!! Vamos, a participar todos!!

FLOR DORADA


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viernes, 24 de noviembre de 2006
Hace mucho, mucho tiempo, vivía un "Tengu"(duende que tiene la nariz larga) en el fondo de una montaña.

Este era un adivino muy famoso.

Un día Mokube y Tarobe visitaron al Tengu para que adivine sobre las vidas de sus hijos.

El Tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte y Tarobe, tu hija tiene mucha suerte."

Los hijos eran íntimos amigos.

Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando en eso sus hijos trajeron unos "oniguiri"(una bola de arroz cocido).

"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente.

Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!"

Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró.

El hijo de Mokube también hizo lo mismo.

Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tiren sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado.

Después de unos años el hijo trabajaba mucho pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija se había casado con un hombre muy rico.

Ellos se encontraron después de mucho tiempo.

Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri por eso espérame", y se marchó.

Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero compartir mi buena suerte con él."

Ella cocinó siete oniguiri y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había venido juntando gracias al uso apropiado y conciente del dinero.

El hijo recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río.

Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.

De igual forma tiró otros cinco.

En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba, al ver su interior exclamó: "¡No, no eran piedras, eran monedas de oro! ¡Dios mío! Después de todo tengo un poco de suerte."

En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace pero depende de cada uno el cambiarlo. Tú podrás haber tenido poca suerte pero si no buscas mejorarla no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por más pequeñas que te parezcan."

El, desde entonces se esforzó mucho y logró la felicidad.


Cuento japones

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viernes, 17 de noviembre de 2006
Las dos perlas

Un maestro espiritual estaba meditando a la orilla del río, cuando llegó un discípulo y le dio dos enormes perlas, como prueba de respeto y devoción.

El santo hombre abrió los ojos y tomó una de ellas con tan poco cuidado, que ésta rodó hasta caer al río.

Horrorizado, el discípulo se zambulló en el agua para recuperarla. Buceó sin tregua hasta la noche pero no consiguió dar con ella.

Al fin, completamente empapado y exhausto, saco al maestro de su meditación y le dijo:

"Tu viste donde cayó. Indícame el lugar exacto para que yo pueda encontrarla"

El maestro tomó la otra perla, la lanzo al río y dijo: "Justo allí".


"Lo que para nosotros es valioso, no necesariamente lo es para los demás". (R. Sotillo)




Tenía alas

Habia una vez un rey muy caprichoso que tenia una hija muy hermosa. Pues bien, el rey quería casarla, aunque puso una condición algo absurda . Estableció que sería elegido aquel hombre que fuera capaz de hacer volar un halcón que desde hace un tiempo estaba posado en una rama, y nadie, absolutamente nadie hasta el presente había logrado hacerlo.

Numerosas personas aparecieron en el palacio y con distintas artimañas intentaron que el ave volara, sin embargo ninguno lo consiguió.

Cuentan que una mañana el rey se levantó y vió volando al halcón por su jardín. Su hija ya tenia prometido, y cuando lo mandó a llamar le preguntó cómo había hecho semejante milagro, preguntando al pretendiente:

¿Tu hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombre sólo explicó: "No fue dificil, majestad: corté la rama, entonces el halcón se dio cuenta de que tenía alas y simplemente comenzó a volar"


"A veces tenemos ante nuestros ojos la respuesta, y miramos por encima de ellos" (R. Sotillo)



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jueves, 09 de noviembre de 2006
Un hombre decidió ir al mercado con su hijo de doce años. Se montaron los dos en su mula y emprendieron la marcha. Al rato, las personas que se encontraron en el camino, empezaron a murmurar y a decir:


-¡Qué abusadores! No tienen la menor consideración con el pobre animal. Lo van a reventar de cansancio. ¡Cómo se les ocurre ir ambos montados en la mula!


Al oír estas críticas, el padre decidió proseguir el viaje a pie y se bajó de la mula. Pronto, sin embargo, escucharon las nuevas críticas de los que topaban en su marcha:


-Los jóvenes de hoy han perdido todo respeto y educación. ¡Habráse visto: ese muchacho en la flor de la vida montado en la mula y el pobre padre caminando!


El muchacho se bajó de la mula y el padre se montó en ella para de este modo continuar el camino. Una vez más, enseguida pudieron escuchar las murmuraciones:


-¡Qué hombre tan desconsiderado!: Bien tranquilazo en la mula y el pobre muchacho a pie. Mira que hay hombres desalmados.... Consideran y tratan a sus propios hijos como esclavos.


Entonces el padre le dijo a su hijo:


-Sólo nos falta que ambos carguemos a la mula y estoy seguro que también se burlarían de nosotros. Montemos los dos en la bestia , que es lo que pienso más conveniente, y que los demás digan y piensen lo que quieran.


(Versión libre de la fábula de Lafontaine)


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