Era imposible. Si, hay cosas imposibles. Ese pequeño matiz que le da la improbabilidad no existía, era, imposible. Además, imposible con mayúsculas. Pero en el fondo me hacía ilusión
Me dejé llevar por mis sentimientos y volví a subir a la nube. Que bonito se ve todo desde allí
Un sol enorme acariciaba mi piel. Mis ojos, brillaban como nunca lo habían hecho. No podía parar de reír. Era absolutamente feliz.
Como me gusta subir a mi nube.
Quería bajar. Quería volver a la realidad y racionalizarlo. Ver la imposibilidad de ello. Y pensar, en que aunque sólo fuera improbable, eso era lo último que necesitaba en ese momento. Pero, era tan feliz en mi nube…
Y volví a la nube. Por momentos, el sol brillaba con más fuerza. La brisa, fresquita, hacia que mi vello se erizara y que la sensación de felicidad y bienestar invadiera todo mi ser.
Todo me parecía mas bonito aún, sentía mucho más amor, y sentía que lo quería gritar. Y lo grité. Lo grite bien alto. Y me reí, reí tanto que pensé que no podría parar de hacerlo nunca. Y me daba igual, sólo quería reír. Y lo hice
Sentía como todo ese amor crecía dentro de mí, tanto, que no me cabía más. Me sentía llena, era tan feliz y tenía tanto amor…
Y vi su carita. Vi esa cara de ángel sonriendo. Me miraba. Me miraba y me sonreía. Creo que también era feliz. Esta vez, también era feliz.
Y bajé de mi nube. Esta vez sin porrazo (jajajaja, se ve que ya he aprendido a aterrizar). Y volví a la realidad, y lo racionalicé y por supuesto, vi la imposibilidad de ello. Pero me gustó verlo, aunque fuese desde mi nube. Aunque incluso desde mi nube, supiera que era imposible. Aunque incluso desde allí, supiera que es lo último que me puedo permitir en este momento. Pero era tan feliz…
No importa, no tengo prisa. Y sé que algún día…
Pero bueno, aún tengo mucho que mimar a mis sobris antes de que llegue.
Me dejé llevar por mis sentimientos y volví a subir a la nube. Que bonito se ve todo desde allí
Un sol enorme acariciaba mi piel. Mis ojos, brillaban como nunca lo habían hecho. No podía parar de reír. Era absolutamente feliz.
Como me gusta subir a mi nube.
Quería bajar. Quería volver a la realidad y racionalizarlo. Ver la imposibilidad de ello. Y pensar, en que aunque sólo fuera improbable, eso era lo último que necesitaba en ese momento. Pero, era tan feliz en mi nube…
Y volví a la nube. Por momentos, el sol brillaba con más fuerza. La brisa, fresquita, hacia que mi vello se erizara y que la sensación de felicidad y bienestar invadiera todo mi ser.
Todo me parecía mas bonito aún, sentía mucho más amor, y sentía que lo quería gritar. Y lo grité. Lo grite bien alto. Y me reí, reí tanto que pensé que no podría parar de hacerlo nunca. Y me daba igual, sólo quería reír. Y lo hice
Sentía como todo ese amor crecía dentro de mí, tanto, que no me cabía más. Me sentía llena, era tan feliz y tenía tanto amor…
Y vi su carita. Vi esa cara de ángel sonriendo. Me miraba. Me miraba y me sonreía. Creo que también era feliz. Esta vez, también era feliz.
Y bajé de mi nube. Esta vez sin porrazo (jajajaja, se ve que ya he aprendido a aterrizar). Y volví a la realidad, y lo racionalicé y por supuesto, vi la imposibilidad de ello. Pero me gustó verlo, aunque fuese desde mi nube. Aunque incluso desde mi nube, supiera que era imposible. Aunque incluso desde allí, supiera que es lo último que me puedo permitir en este momento. Pero era tan feliz…
No importa, no tengo prisa. Y sé que algún día…
Pero bueno, aún tengo mucho que mimar a mis sobris antes de que llegue.
Cuando Hércules era un joven de delicado rostro que tenía la vida por delante, salió una mañana para cumplir con un encargo de su padrastro. Pero su corazón estaba lleno de amargos pensamientos, y renegaba porque otros, que no eran mejores que él, llevaban una vida cómoda y placentera, mientras que su vida estaba cargada de trabajo y dolor.
Mientras pensaba en esto, llegó a un lugar donde cruzaban dos caminos, y se detuvo sin saber cuál tomar. El camino de la derecha era accidentado y tosco. No tenía belleza, pero Hércules vio que conducía directamente hacia las azules montañas de la lejanía. El camino de la izquierda era ancho y despejado; a ambos lados tenía árboles donde cantaba un coro de aves, y serpeaba entre verdes vegas donde florecían las más bellas flores. Pero terminaba en la niebla y la bruma, sin llegar a las maravillosas y azules montañas.
Mientras el joven meditaba su decisión, vio que dos bellas mujeres se le acercaban, cada cual por un camino. La que venía por el camino florido llegó primero, y Hércules vio que era hermosa como un día de verano. Tenía mejillas sonrosadas y ojos resplandecientes, y hablaba con palabras cálidas y persuasivas.
-Oh noble joven –dijo-, no te sometas más al trabajo y los esfuerzos. Sígueme y te conduciré por sendas amenas donde no hay tormentas que te perturben ni problemas que te fastidien. Vivirás cómodamente, en una ronda incesante de música y alegría, y no te faltará nada que alegre la vida: ni chispeante vino, ni mullidos divanes, ni ricas túnicas, ni los adoradores ojos de bellas doncellas. Ven conmigo, y la vida será como una ensoñación.
Para entonces la otra mujer se había acercado, y también le habló.
-No tengo nada para prometerte -dijo-, salvo aquello que ganarás con tu propia fuerza. El camino por el cual te conduciré es irregular y escabroso, y trepa por muchas colinas y desciende en muchos valles y hondonadas. Los paisajes que verás desde las cimas a veces serán majestuosos e imponentes, pero los profundos valles son oscuros, y el ascenso desde ellos es trabajoso. No obstante, ese camino conduce hasta las azules montañas de inmortal fama, las cuales divisas a lo lejos. No puedes llegar a ellas sin esfuerzo; más aún, no hay nada que valga la pena tener que no se deba ganar mediante el trabajo. Si deseas flores y frutos, debes plantarlos y cuidarlos; si deseas el amor de tu prójimo, debes amarlo y sufrir por él; si deseas gozar del favor del cielo, debes hacerte digno de él; si ansías la fama eterna, no debes desdeñar el duro camino que a ella conduce.
Hércules vio que esta dama, aunque era tan bella como la otra, tenía un semblante puro y gentil, como el cielo en una cálida mañana de mayo.
-¿Cómo te llamas? –preguntó.
-Algunos me llaman Trabajo –respondió ella-, pero otros me llaman Virtud.
Hércules se volvió hacia la primera dama.
-¿Y cuál es tu nombre? –preguntó.
-Algunos me llaman Placer –dijo ella, con una sonrisa seductora-, pero prefiero hacerme llamar Dicha y Alegría.
-Virtud –dijo Hércules-, te escojo como guía. Mío será el camino del trabajo y del esfuerzo, y mi corazón ya no albergará amargura ni descontento. Y apoyó su mano en la mano de Virtud, y entró con ella en el recto y temible camino hacia las bellas montañas azules del lejano horizonte.
James Baldwin
Hace más de un año, recibí esto por email. Hoy trasteando, lo he encontrado, y ha vuelto a hacer que sonría. Espero ser una abuelilla como la Señora Pepita.
La señora Pepita, bien equilibrada y orgullosa de sus 92 años de edad, estaba completamente lista como cada mañana a las 8 en punto, con su cabello bien peinado y un maquillaje perfectamente aplicado pese a ser casi ciega, dispuesta a mudarse hoy a un asilo de ancianos.
El que había sido su marido durante 70 años había muerto, lo que hacía necesario el traslado.
Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió dulcemente cuando le comunicaron que su habitación ya estaba lista.
Mientras ella maniobraba su andador al ascensor, yo le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sábanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana.
-"Me encantan", -dijo ella con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrar un nuevo cachorro-.
-"Sra. Pepita, usted aún no ha visto el cuarto.... espere".
-"Eso no tiene nada que ver", -dijo ella-."La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende de cómo esté arreglado el lugar, depende de cómo yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría. Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme. Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el día en cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que si funcionan. Cada día es un regalo, y por el tiempo que mis ojos se abran me centraré en el nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente.....sólo por este momento en mi vida. La vejez es como una cuenta bancaria...uno extrae de lo que había depositado en ella.
Entonces, mi consejo para ti sería que:
Deposites gran cantidad de felicidad en la cuenta bancaria de tus recuerdos.
Gracias por lo que has hecho para llenar mi banco de memorias.
Recuerda estas simples 5 reglas para ser feliz:
1. Libera tu corazón de odio.
2. Libera tu mente de preocupaciones.
3. Vive humildemente.
4. Da más.
5. Espera menos."

La señora Pepita, bien equilibrada y orgullosa de sus 92 años de edad, estaba completamente lista como cada mañana a las 8 en punto, con su cabello bien peinado y un maquillaje perfectamente aplicado pese a ser casi ciega, dispuesta a mudarse hoy a un asilo de ancianos.
El que había sido su marido durante 70 años había muerto, lo que hacía necesario el traslado.
Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió dulcemente cuando le comunicaron que su habitación ya estaba lista.
Mientras ella maniobraba su andador al ascensor, yo le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sábanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana.
-"Me encantan", -dijo ella con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrar un nuevo cachorro-.
-"Sra. Pepita, usted aún no ha visto el cuarto.... espere".
-"Eso no tiene nada que ver", -dijo ella-."La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende de cómo esté arreglado el lugar, depende de cómo yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría. Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme. Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el día en cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que si funcionan. Cada día es un regalo, y por el tiempo que mis ojos se abran me centraré en el nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente.....sólo por este momento en mi vida. La vejez es como una cuenta bancaria...uno extrae de lo que había depositado en ella.
Entonces, mi consejo para ti sería que:
Deposites gran cantidad de felicidad en la cuenta bancaria de tus recuerdos.
Gracias por lo que has hecho para llenar mi banco de memorias.
Recuerda estas simples 5 reglas para ser feliz:
1. Libera tu corazón de odio.
2. Libera tu mente de preocupaciones.
3. Vive humildemente.
4. Da más.
5. Espera menos."
"Necesito creer que las personas son buenas, aunque me decepcionen una y otra vez"
De la serie House
De la serie House
El pirata cara bonita
El pirata cara bonita, es un pirata sin barba. Es, el terror de los mares.
Cuando viene el tiburón.... Chas, Chas, Chas, con su espada, hace que el tiburón huya
- Que viene el pirata cara bonita!!, que viene el pirata cara bonita!!!!
Y el tiburón, huye...
Y es que el pirata cara bonita, es un pirata sin barba. Es, el terror de los mares.
Es un pirata bueno, el pirata que siempre gana.
Cuando viene el cocodrilo... Chas, Chas, Chas, con su espada, hace que el cocodrilo huya
- Que viene el pirata cara bonita!!, que viene el pirata cara bonita!!!!
Y el cocodrilo, huye...
El pirara cara bonita, es un pirata sin barba. Es, el terror de los mares.
Es un pirata bueno. El pirata, que siempre gana.
Tampoco tiene bigote. No tiene bigote, ni barba
Cuando viene el pulpo... Chas, Chas, Chas, con su espada, hace que el pulpo huya
- Que viene el pirata cara bonita!!, que viene el pirata cara bonita!!!!
Y el pulpo, huye...
El pirara cara bonita, es un pirata sin barba. Es, el terror de los mares.
Es un pirata bueno. El pirata, que siempre gana.
Tampoco tiene bigote. No tiene bigote, ni barba
Es, el pirata cara bonita, es un pirata bueno. Es, el terror de los mares...
Marina
Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.
Chuang Tzu
Chuang Tzu
Una vez un miembro de la tribu se presento furioso ante su jefe parainformarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo habíaofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo quetenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumaracon calma al pie del árbol sagrado del pueblo.
El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidióvolver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que eraexcesivo matar a su enemigo pero que si le daría una paliza memorable paraque nunca se olvidara de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que yaque había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.
También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivocastigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su malaacción y le haría pasar vergüenza delante de todos.
Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarleque repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbolcentenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca.
Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo mejor veo que la cosano es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Asírecuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho".El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al piedel árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, perono podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras vos mismo".
El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidióvolver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que eraexcesivo matar a su enemigo pero que si le daría una paliza memorable paraque nunca se olvidara de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que yaque había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.
También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivocastigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su malaacción y le haría pasar vergüenza delante de todos.
Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarleque repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbolcentenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca.
Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo mejor veo que la cosano es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Asírecuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho".El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al piedel árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, perono podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras vos mismo".
Jean de la Fontaine
"Me encuentro solitario cuando busco una mano y sólo encuentro puños."
Ralph Bunche (1904-1971) Diplomático estadounidense.

Ralph Bunche (1904-1971) Diplomático estadounidense.
"Cómo el cervatillo recibió su camisa moteada"
Tawíyela estaba muy nerviosa y trastornada. Ella buscaba por aquí y por allá el peligro escondido en las sombras de los cerezos silvestres y los retoños de sauce a lo largo del lecho del riachuelo. Tachínchala, su bebé, apenas tenía unos cuantos minutos de nacido, y el corazón de Tawíyela latía tan fuerte como un tambor de guerra, preocupada por él.Su esposo, Tájcha, también vigilaba, observando lo más que podía desde el acantilado, cuidando a su familia abajo.
"Oh Gran Creador, deseo sinceramente en mi corazón una manera de proteger a mi cervatillo recién nacido," suplicó la madre, mientras lavaba a su bebé con la lengua. "Tú les ha dado a todos los padres de las criaturas de esta tierra algún tipo especial de protección para sus bebés cuando nacen. El bebé del búfalo puede correr inmediatamente y ocultarse entre sus padres, tías, tíos y primos en el círculo interior seguro de la manada. Lo mismo puede decirse de los grandes alces, cuyas abuelas suenan la alarma y arrastran incluso a los muy jóvenes a la seguridad. Las ovejas tienen pequeños que puede correr al acantilado más alto casi tan pronto como nacen. Y el bebé del antílope es tan ligero de pie que puede huir con su madre del peligro casi antes de que ella termina de lavar su cara.
Mi esposo y yo tememos por nuestro propio bebé, pues no tiene tales habilidades. El y yo podemos correr y saltar huyendo de cualquier amenaza, pero nuestro hijo es débil y de patas tambaleantes, y no tiene fortaleza para salir corriendo. Oh Gran Creador de todas las criaturas, por favor escucha nuestra súplica y danos alguna manera para salvar a nuestro hijo de quienes quieren convertirlo en comida."
Con esto, el Creador de todas las cosas detuvo lo que estaba haciendo y bajó a la tierra para ver qué podía hacer. Su corazón se había conmovido por los rezos sinceros de la madre ciervo y decidió acoger su pedido.
Se apareció como un gran viento que ahuyentó a todos los depredadores que habían estado escondidos en las sombras. Fueron enviados lejos para que no pudieran ver ni oír ni saber de ninguna forma qué plan idearía el Creador para ayudar a la familia ciervo a proteger a su bebé.
Entonces llamó a Tawíyela y Tájcha y se paró sobre el pequeño Tachínchala, quien acababa de caer en una mata de bayas. "Este bebé ciertamente necesita ayuda," dijo el Creador. "Esto es lo que haremos. Tráiganme una piel de ante que sea tan suave como pluma de ganso. Tráiganme sus botes de pintura y también todas sus bolsas de pigmento en polvo."
El ciervo padre brincó por los árboles para reunir todos los artículos que solicitaba el Creador, mientras que la madre se quedó resguardando a su bebé. El Creador se inclinó sobre el pequeño bebé que yacía tendido a sus pies. Tomó un inhalación profunda y luego exhaló con fuerza. Los árboles se mecieron con el aliento del Creador. Luego tomó otra inhalación más profunda aún, tan profunda y tan poderosa que aspiró todo el olor de la piel del cervatillo. Ni una sola hoja tembló en el Gran Silencio del Creador, y ni siquiera una brisa minúscula de su aliento volvió a salir de su boca.
Tájcha corrió veloz a través de las cañas del sauce, abriéndose camino entre las ramas secas al lado de los pinos en su urgencia por traer al Creador lo que había pedido. La piel de ante estaba atada alrededor de su cuello, y sus ollas de pintura y bolsas de pigmento en polvo estaban atadas a su rabo, pues sus astas todavía no habían brotado lo suficiente y por lo tanto no podían hacer el trabajo. Ofreció los artículos con gran respeto al Creador, cantando conforme lo hacía una pequeña plegaria de gracias". Pilámayaye,Wakán Tanka," cantó. "Pilámayaye, Wakán Tanka."
El Creador de todo el cielo y la tierra midió al bebé con su gran mano. Entonces tomó un pedazo de piedra de la tierra a su lado y cortó la mullida piel de ante al tamaño. Le indicó a Tawíyela que cortara algunas tiras y le pidió que atara los costados, mientras mezclaba los pigmentos cuidadosamente en las ollas. Tomó un poco de negro del carbón de muchos fuegos, un poco de café de la tierra, un poco de blanco del saquillo del padre, añadiendo un poco de amarillo cremoso y una pizca de rojo sagrado.
Entonces el Gran Pintor dio unos golpecitos con estas pinturas sobre la camisa del bebé. Cuando terminó, pidió a la madre que metiera la camisa sobre la cabeza del bebé paracubrir su dorso y sus costados. "Asegúrense de que sus hijos e hijas vistan esta camisa de ahora en adelante," dijo el Creador, "e indíquenles que se queden tranquilos en dondequiera que los pongan, sin moverse ni hacer ruido. Mientras ellos obedezcan sus instrucciones estarán seguros, pues ahora son invisibles para quienes rondan en el bosque,y no tienen olor alguno que los delate ante sus enemigos."
Y por eso el cervatillo viste una camisa moteada hasta que es lo bastante grande y fuerte para que los lobos no se lo puedan comer.

Tawíyela estaba muy nerviosa y trastornada. Ella buscaba por aquí y por allá el peligro escondido en las sombras de los cerezos silvestres y los retoños de sauce a lo largo del lecho del riachuelo. Tachínchala, su bebé, apenas tenía unos cuantos minutos de nacido, y el corazón de Tawíyela latía tan fuerte como un tambor de guerra, preocupada por él.Su esposo, Tájcha, también vigilaba, observando lo más que podía desde el acantilado, cuidando a su familia abajo.
"Oh Gran Creador, deseo sinceramente en mi corazón una manera de proteger a mi cervatillo recién nacido," suplicó la madre, mientras lavaba a su bebé con la lengua. "Tú les ha dado a todos los padres de las criaturas de esta tierra algún tipo especial de protección para sus bebés cuando nacen. El bebé del búfalo puede correr inmediatamente y ocultarse entre sus padres, tías, tíos y primos en el círculo interior seguro de la manada. Lo mismo puede decirse de los grandes alces, cuyas abuelas suenan la alarma y arrastran incluso a los muy jóvenes a la seguridad. Las ovejas tienen pequeños que puede correr al acantilado más alto casi tan pronto como nacen. Y el bebé del antílope es tan ligero de pie que puede huir con su madre del peligro casi antes de que ella termina de lavar su cara.
Mi esposo y yo tememos por nuestro propio bebé, pues no tiene tales habilidades. El y yo podemos correr y saltar huyendo de cualquier amenaza, pero nuestro hijo es débil y de patas tambaleantes, y no tiene fortaleza para salir corriendo. Oh Gran Creador de todas las criaturas, por favor escucha nuestra súplica y danos alguna manera para salvar a nuestro hijo de quienes quieren convertirlo en comida."
Con esto, el Creador de todas las cosas detuvo lo que estaba haciendo y bajó a la tierra para ver qué podía hacer. Su corazón se había conmovido por los rezos sinceros de la madre ciervo y decidió acoger su pedido.
Se apareció como un gran viento que ahuyentó a todos los depredadores que habían estado escondidos en las sombras. Fueron enviados lejos para que no pudieran ver ni oír ni saber de ninguna forma qué plan idearía el Creador para ayudar a la familia ciervo a proteger a su bebé.
Entonces llamó a Tawíyela y Tájcha y se paró sobre el pequeño Tachínchala, quien acababa de caer en una mata de bayas. "Este bebé ciertamente necesita ayuda," dijo el Creador. "Esto es lo que haremos. Tráiganme una piel de ante que sea tan suave como pluma de ganso. Tráiganme sus botes de pintura y también todas sus bolsas de pigmento en polvo."
El ciervo padre brincó por los árboles para reunir todos los artículos que solicitaba el Creador, mientras que la madre se quedó resguardando a su bebé. El Creador se inclinó sobre el pequeño bebé que yacía tendido a sus pies. Tomó un inhalación profunda y luego exhaló con fuerza. Los árboles se mecieron con el aliento del Creador. Luego tomó otra inhalación más profunda aún, tan profunda y tan poderosa que aspiró todo el olor de la piel del cervatillo. Ni una sola hoja tembló en el Gran Silencio del Creador, y ni siquiera una brisa minúscula de su aliento volvió a salir de su boca.
Tájcha corrió veloz a través de las cañas del sauce, abriéndose camino entre las ramas secas al lado de los pinos en su urgencia por traer al Creador lo que había pedido. La piel de ante estaba atada alrededor de su cuello, y sus ollas de pintura y bolsas de pigmento en polvo estaban atadas a su rabo, pues sus astas todavía no habían brotado lo suficiente y por lo tanto no podían hacer el trabajo. Ofreció los artículos con gran respeto al Creador, cantando conforme lo hacía una pequeña plegaria de gracias". Pilámayaye,Wakán Tanka," cantó. "Pilámayaye, Wakán Tanka."
El Creador de todo el cielo y la tierra midió al bebé con su gran mano. Entonces tomó un pedazo de piedra de la tierra a su lado y cortó la mullida piel de ante al tamaño. Le indicó a Tawíyela que cortara algunas tiras y le pidió que atara los costados, mientras mezclaba los pigmentos cuidadosamente en las ollas. Tomó un poco de negro del carbón de muchos fuegos, un poco de café de la tierra, un poco de blanco del saquillo del padre, añadiendo un poco de amarillo cremoso y una pizca de rojo sagrado.
Entonces el Gran Pintor dio unos golpecitos con estas pinturas sobre la camisa del bebé. Cuando terminó, pidió a la madre que metiera la camisa sobre la cabeza del bebé paracubrir su dorso y sus costados. "Asegúrense de que sus hijos e hijas vistan esta camisa de ahora en adelante," dijo el Creador, "e indíquenles que se queden tranquilos en dondequiera que los pongan, sin moverse ni hacer ruido. Mientras ellos obedezcan sus instrucciones estarán seguros, pues ahora son invisibles para quienes rondan en el bosque,y no tienen olor alguno que los delate ante sus enemigos."
Y por eso el cervatillo viste una camisa moteada hasta que es lo bastante grande y fuerte para que los lobos no se lo puedan comer.
Hace mucho, mucho tiempo, vivía un "Tengu"(duende que tiene la nariz larga) en el fondo de una montaña.
Este era un adivino muy famoso.
Un día Mokube y Tarobe visitaron al Tengu para que adivine sobre las vidas de sus hijos.
El Tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte y Tarobe, tu hija tiene mucha suerte."
Los hijos eran íntimos amigos.
Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando en eso sus hijos trajeron unos "oniguiri"(una bola de arroz cocido).
"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente.
Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!"
Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró.
El hijo de Mokube también hizo lo mismo.
Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tiren sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado.
Después de unos años el hijo trabajaba mucho pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija se había casado con un hombre muy rico.
Ellos se encontraron después de mucho tiempo.
Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri por eso espérame", y se marchó.
Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero compartir mi buena suerte con él."
Ella cocinó siete oniguiri y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había venido juntando gracias al uso apropiado y conciente del dinero.
El hijo recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río.
Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.
De igual forma tiró otros cinco.
En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba, al ver su interior exclamó: "¡No, no eran piedras, eran monedas de oro! ¡Dios mío! Después de todo tengo un poco de suerte."
En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace pero depende de cada uno el cambiarlo. Tú podrás haber tenido poca suerte pero si no buscas mejorarla no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por más pequeñas que te parezcan."
El, desde entonces se esforzó mucho y logró la felicidad.
Cuento japones

Este era un adivino muy famoso.
Un día Mokube y Tarobe visitaron al Tengu para que adivine sobre las vidas de sus hijos.
El Tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte y Tarobe, tu hija tiene mucha suerte."
Los hijos eran íntimos amigos.
Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando en eso sus hijos trajeron unos "oniguiri"(una bola de arroz cocido).
"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente.
Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!"
Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró.
El hijo de Mokube también hizo lo mismo.
Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tiren sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado.
Después de unos años el hijo trabajaba mucho pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija se había casado con un hombre muy rico.
Ellos se encontraron después de mucho tiempo.
Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri por eso espérame", y se marchó.
Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero compartir mi buena suerte con él."
Ella cocinó siete oniguiri y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había venido juntando gracias al uso apropiado y conciente del dinero.
El hijo recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río.
Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.
De igual forma tiró otros cinco.
En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba, al ver su interior exclamó: "¡No, no eran piedras, eran monedas de oro! ¡Dios mío! Después de todo tengo un poco de suerte."
En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace pero depende de cada uno el cambiarlo. Tú podrás haber tenido poca suerte pero si no buscas mejorarla no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por más pequeñas que te parezcan."
El, desde entonces se esforzó mucho y logró la felicidad.
Cuento japones
Las dos perlas
Un maestro espiritual estaba meditando a la orilla del río, cuando llegó un discípulo y le dio dos enormes perlas, como prueba de respeto y devoción.
El santo hombre abrió los ojos y tomó una de ellas con tan poco cuidado, que ésta rodó hasta caer al río.
Horrorizado, el discípulo se zambulló en el agua para recuperarla. Buceó sin tregua hasta la noche pero no consiguió dar con ella.
Al fin, completamente empapado y exhausto, saco al maestro de su meditación y le dijo:
"Tu viste donde cayó. Indícame el lugar exacto para que yo pueda encontrarla"
El maestro tomó la otra perla, la lanzo al río y dijo: "Justo allí".
"Lo que para nosotros es valioso, no necesariamente lo es para los demás". (R. Sotillo)
Tenía alas
Habia una vez un rey muy caprichoso que tenia una hija muy hermosa. Pues bien, el rey quería casarla, aunque puso una condición algo absurda . Estableció que sería elegido aquel hombre que fuera capaz de hacer volar un halcón que desde hace un tiempo estaba posado en una rama, y nadie, absolutamente nadie hasta el presente había logrado hacerlo.
Numerosas personas aparecieron en el palacio y con distintas artimañas intentaron que el ave volara, sin embargo ninguno lo consiguió.
Cuentan que una mañana el rey se levantó y vió volando al halcón por su jardín. Su hija ya tenia prometido, y cuando lo mandó a llamar le preguntó cómo había hecho semejante milagro, preguntando al pretendiente:
¿Tu hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombre sólo explicó: "No fue dificil, majestad: corté la rama, entonces el halcón se dio cuenta de que tenía alas y simplemente comenzó a volar"
"A veces tenemos ante nuestros ojos la respuesta, y miramos por encima de ellos" (R. Sotillo)

Un maestro espiritual estaba meditando a la orilla del río, cuando llegó un discípulo y le dio dos enormes perlas, como prueba de respeto y devoción.
El santo hombre abrió los ojos y tomó una de ellas con tan poco cuidado, que ésta rodó hasta caer al río.
Horrorizado, el discípulo se zambulló en el agua para recuperarla. Buceó sin tregua hasta la noche pero no consiguió dar con ella.
Al fin, completamente empapado y exhausto, saco al maestro de su meditación y le dijo:
"Tu viste donde cayó. Indícame el lugar exacto para que yo pueda encontrarla"
El maestro tomó la otra perla, la lanzo al río y dijo: "Justo allí".
"Lo que para nosotros es valioso, no necesariamente lo es para los demás". (R. Sotillo)
Tenía alas
Habia una vez un rey muy caprichoso que tenia una hija muy hermosa. Pues bien, el rey quería casarla, aunque puso una condición algo absurda . Estableció que sería elegido aquel hombre que fuera capaz de hacer volar un halcón que desde hace un tiempo estaba posado en una rama, y nadie, absolutamente nadie hasta el presente había logrado hacerlo.
Numerosas personas aparecieron en el palacio y con distintas artimañas intentaron que el ave volara, sin embargo ninguno lo consiguió.
Cuentan que una mañana el rey se levantó y vió volando al halcón por su jardín. Su hija ya tenia prometido, y cuando lo mandó a llamar le preguntó cómo había hecho semejante milagro, preguntando al pretendiente:
¿Tu hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombre sólo explicó: "No fue dificil, majestad: corté la rama, entonces el halcón se dio cuenta de que tenía alas y simplemente comenzó a volar"
"A veces tenemos ante nuestros ojos la respuesta, y miramos por encima de ellos" (R. Sotillo)
Un hombre decidió ir al mercado con su hijo de doce años. Se montaron los dos en su mula y emprendieron la marcha. Al rato, las personas que se encontraron en el camino, empezaron a murmurar y a decir:
-¡Qué abusadores! No tienen la menor consideración con el pobre animal. Lo van a reventar de cansancio. ¡Cómo se les ocurre ir ambos montados en la mula!
Al oír estas críticas, el padre decidió proseguir el viaje a pie y se bajó de la mula. Pronto, sin embargo, escucharon las nuevas críticas de los que topaban en su marcha:
-Los jóvenes de hoy han perdido todo respeto y educación. ¡Habráse visto: ese muchacho en la flor de la vida montado en la mula y el pobre padre caminando!
El muchacho se bajó de la mula y el padre se montó en ella para de este modo continuar el camino. Una vez más, enseguida pudieron escuchar las murmuraciones:
-¡Qué hombre tan desconsiderado!: Bien tranquilazo en la mula y el pobre muchacho a pie. Mira que hay hombres desalmados.... Consideran y tratan a sus propios hijos como esclavos.
Entonces el padre le dijo a su hijo:
-Sólo nos falta que ambos carguemos a la mula y estoy seguro que también se burlarían de nosotros. Montemos los dos en la bestia , que es lo que pienso más conveniente, y que los demás digan y piensen lo que quieran.
(Versión libre de la fábula de Lafontaine)

-¡Qué abusadores! No tienen la menor consideración con el pobre animal. Lo van a reventar de cansancio. ¡Cómo se les ocurre ir ambos montados en la mula!
Al oír estas críticas, el padre decidió proseguir el viaje a pie y se bajó de la mula. Pronto, sin embargo, escucharon las nuevas críticas de los que topaban en su marcha:
-Los jóvenes de hoy han perdido todo respeto y educación. ¡Habráse visto: ese muchacho en la flor de la vida montado en la mula y el pobre padre caminando!
El muchacho se bajó de la mula y el padre se montó en ella para de este modo continuar el camino. Una vez más, enseguida pudieron escuchar las murmuraciones:
-¡Qué hombre tan desconsiderado!: Bien tranquilazo en la mula y el pobre muchacho a pie. Mira que hay hombres desalmados.... Consideran y tratan a sus propios hijos como esclavos.
Entonces el padre le dijo a su hijo:
-Sólo nos falta que ambos carguemos a la mula y estoy seguro que también se burlarían de nosotros. Montemos los dos en la bestia , que es lo que pienso más conveniente, y que los demás digan y piensen lo que quieran.
(Versión libre de la fábula de Lafontaine)
Los amigos
Construía Sócrates una pequeña casa, en las afueras de Atenas, cuando algunas personas le preguntaron para que serviria esa minúscula habitación.
Él contestó que era para sus amigos. Admirados le replicaron que ahí no cabría casi nadie y entonces, con su ya tradicional y fina ironía respondió:
¡Qué diera yo por poder llenarla!
Los amigos son así. Los puedes contar con los dedos de la mano y siempre te sobrarán dedos. Por eso tal vez no tengas muchos, pero los que tienes siempre serán suficientes para llenar tu alma.
Un amigo es como la perla evangélica: cuando la encuentras, vas y vendes todo, con tal de poseerla.
Un amigo no es un hermano de sangre, sino del corazón. Por eso un hermano puede ser tu amigo pero un amigo siempre será tu hermano.
Un amigo siempre estará ahí, aún cuando no lo necesites.
A un amigo lo necesitas porque lo quieres; no lo quieres porque lo necesitas.
Con tus conocidos hablas, con tus amigos te comunicas.
Un conocido te oye, un amigo te escucha, y lo más importante es que no te escucha con sus oidos, sino con su corazón.
Un verdadero amigo no te espera, te busca. No adivina, intuye, y tiene siempre la frase exacta con la que tu alma puede florecer de nuevo.
Un amigo verdadero te dice lo que es, no lo que quieres oir; camina tu sendero sólo por el placer de hacerlo y te dice siempre la verdad, que es en el fondo lo que tú esperas.
Un amigo no necesita pedir perdón, ni tampoco lo reclama; no busca explicaciones porque sabe que le bastan las que ya posee, y no busca ser comprendido sino comprender.
El amigo verdadero trae paz y no desasosiego; es constante no mudable; ofrece y nunca pide y las razones de su corazón son siempre transparentes porque afortunadamente no han sido contaminadas por el pragmatismo.
Un amigo es una casa cuyas puertas están siempre abiertas, es la roca firme contra la desesperanza, aquel que no contabiliza su tiempo, porque todo su tiempo es tuyo, el que renueva tu espiritu con el consejo que necesitas, convierte tu tristeza en alegria y es como el rumor al rio y el color amarillo para los jacintos que están inexorablemente unidos, y es por ello que siempre estará junto a ti, sin cobrarte por eso.
Un amigo te mira a los ojos, no te observa, te apoya, no te juzga, te habla de frente y no te lastima, está contigo en los tiempos buenos y en las épocas dificiles, porque finalmente sabe que lo que cuida es una parte de sí mismo, entrañable y cercana, esa parte que acaba siendo el todo en razón de la importancia que tienes para él.
Los amigos están juntos, aunque estén separados; se dan sombra sin protagonismos ni recelos; son remanso, lluvia fina o tempestad según sea tu derrotero y jamás buscan el bien propio, que es casi siempre la heredad del egoismo.
Quizá por eso los amigos no abunden, pero observando los que tienes, sabes de cierto que ya nunca estarás incompleto.
Alguien dijo alguna vez que tener un amigo es como tener un tesoro. Quien tiene más de uno, ha multiplicado ese tesoro, el único que no se corrompe ni se destruye, porque está depositado en el Banco de su propio corazón.
Del libro: Para aprender la vida

Construía Sócrates una pequeña casa, en las afueras de Atenas, cuando algunas personas le preguntaron para que serviria esa minúscula habitación.
Él contestó que era para sus amigos. Admirados le replicaron que ahí no cabría casi nadie y entonces, con su ya tradicional y fina ironía respondió:
¡Qué diera yo por poder llenarla!
Los amigos son así. Los puedes contar con los dedos de la mano y siempre te sobrarán dedos. Por eso tal vez no tengas muchos, pero los que tienes siempre serán suficientes para llenar tu alma.
Un amigo es como la perla evangélica: cuando la encuentras, vas y vendes todo, con tal de poseerla.
Un amigo no es un hermano de sangre, sino del corazón. Por eso un hermano puede ser tu amigo pero un amigo siempre será tu hermano.
Un amigo siempre estará ahí, aún cuando no lo necesites.
A un amigo lo necesitas porque lo quieres; no lo quieres porque lo necesitas.
Con tus conocidos hablas, con tus amigos te comunicas.
Un conocido te oye, un amigo te escucha, y lo más importante es que no te escucha con sus oidos, sino con su corazón.
Un verdadero amigo no te espera, te busca. No adivina, intuye, y tiene siempre la frase exacta con la que tu alma puede florecer de nuevo.
Un amigo verdadero te dice lo que es, no lo que quieres oir; camina tu sendero sólo por el placer de hacerlo y te dice siempre la verdad, que es en el fondo lo que tú esperas.
Un amigo no necesita pedir perdón, ni tampoco lo reclama; no busca explicaciones porque sabe que le bastan las que ya posee, y no busca ser comprendido sino comprender.
El amigo verdadero trae paz y no desasosiego; es constante no mudable; ofrece y nunca pide y las razones de su corazón son siempre transparentes porque afortunadamente no han sido contaminadas por el pragmatismo.
Un amigo es una casa cuyas puertas están siempre abiertas, es la roca firme contra la desesperanza, aquel que no contabiliza su tiempo, porque todo su tiempo es tuyo, el que renueva tu espiritu con el consejo que necesitas, convierte tu tristeza en alegria y es como el rumor al rio y el color amarillo para los jacintos que están inexorablemente unidos, y es por ello que siempre estará junto a ti, sin cobrarte por eso.
Un amigo te mira a los ojos, no te observa, te apoya, no te juzga, te habla de frente y no te lastima, está contigo en los tiempos buenos y en las épocas dificiles, porque finalmente sabe que lo que cuida es una parte de sí mismo, entrañable y cercana, esa parte que acaba siendo el todo en razón de la importancia que tienes para él.
Los amigos están juntos, aunque estén separados; se dan sombra sin protagonismos ni recelos; son remanso, lluvia fina o tempestad según sea tu derrotero y jamás buscan el bien propio, que es casi siempre la heredad del egoismo.
Quizá por eso los amigos no abunden, pero observando los que tienes, sabes de cierto que ya nunca estarás incompleto.
Alguien dijo alguna vez que tener un amigo es como tener un tesoro. Quien tiene más de uno, ha multiplicado ese tesoro, el único que no se corrompe ni se destruye, porque está depositado en el Banco de su propio corazón.
Del libro: Para aprender la vida
Cerca de un arroyo de aguas frescas, había un pequeño bosque.
Los árboles eran muy variados. Todos gastaban las energías en ser más altos y grandes, con muchas flores y perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíz.
En cambio un laurel dijo:
"Yo, mejor, voy a invertir mi savia en tener una buena raíz: así creceré y podré dar mis hojas a todos los que me necesiten".
Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos; ¡en ningún lado había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse y de hablar de los encantos de unos y otros, y así, todo el tiempo, mirándose y riéndose de los demás.
El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, señoreando sus flores y perfumes, meneando el abundante follaje.
- "¡Laurel !...(le decían) ¿para qué quieres tanta raíz? Mira a nosotros todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza.¡Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de tí!"
Pero el laurel estaba convencido de lo contrario; deseaba amar a los demás y por eso tenía raíces fuertes.
Un buen día, vino una gran tormenta, y sacudió, sopló y resopló sobre el bosque. Los árboles más grandes, que tenían un ramaje inmenso, se vieron tan fuertemente golpeados, que por más que gritaban no pudieron evitar que el viento los volteara.
En cambio el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas si perdió unas cuantas hojas.
Entonces todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tu corazón... allí... en tu alma...

Los árboles eran muy variados. Todos gastaban las energías en ser más altos y grandes, con muchas flores y perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíz.
En cambio un laurel dijo:
"Yo, mejor, voy a invertir mi savia en tener una buena raíz: así creceré y podré dar mis hojas a todos los que me necesiten".
Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos; ¡en ningún lado había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse y de hablar de los encantos de unos y otros, y así, todo el tiempo, mirándose y riéndose de los demás.
El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, señoreando sus flores y perfumes, meneando el abundante follaje.
- "¡Laurel !...(le decían) ¿para qué quieres tanta raíz? Mira a nosotros todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza.¡Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de tí!"
Pero el laurel estaba convencido de lo contrario; deseaba amar a los demás y por eso tenía raíces fuertes.
Un buen día, vino una gran tormenta, y sacudió, sopló y resopló sobre el bosque. Los árboles más grandes, que tenían un ramaje inmenso, se vieron tan fuertemente golpeados, que por más que gritaban no pudieron evitar que el viento los volteara.
En cambio el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas si perdió unas cuantas hojas.
Entonces todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tu corazón... allí... en tu alma...
Este domingo triste pienso en ti dulcemente
y mi vieja mentira de olvido, ya no miente.
La soledad, a veces, es peor castigo...
Pero, qué alegre todo, si estuvieras conmigo!
Entonces no querría mirar las nubes grises.
Formando extraños mapas de imposibles países;
Y el monótono ruido del agua no sería
un motivo secreto de mi melancolía.
Este domingo triste nace de algo que es mío,
que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,
Mientras corren las aguas por la calle en declive,
y el corazón se muere de un ensueño que vive.
La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,
y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo;
Y tendría la tarde, fragantemente muda,
el ingenuo impudor de una niña desnuda.
Si estuvieras conmigo, amor que no volviste,
que alegre me sería este domingo triste!
José Ángel Buesa
y mi vieja mentira de olvido, ya no miente.
La soledad, a veces, es peor castigo...
Pero, qué alegre todo, si estuvieras conmigo!
Entonces no querría mirar las nubes grises.
Formando extraños mapas de imposibles países;
Y el monótono ruido del agua no sería
un motivo secreto de mi melancolía.
Este domingo triste nace de algo que es mío,
que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,
Mientras corren las aguas por la calle en declive,
y el corazón se muere de un ensueño que vive.
La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,
y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo;
Y tendría la tarde, fragantemente muda,
el ingenuo impudor de una niña desnuda.
Si estuvieras conmigo, amor que no volviste,
que alegre me sería este domingo triste!
José Ángel Buesa
EL AMOR QUE ATRAVIESA EL FUEGO
Erase una vez un joven cuyos padres habían ido a consultar a Fa cuando nació y Fa les respondió diciendo que el muchacho no debía casarse jamás. El muchacho creció y un día que se paseaba por el mercado, una joven que se encontraba vendiendo en un tenderete próximo le dijo repentinamente:
-Joven, quiero casarme contigo. El joven le respondió diciendo:
- Lo siento pero no me puedo casar contigo. La muchacha no se quedó convencida por la respuesta del joven y le contestó diciendo que sería su mujer por encima de todo y nada ni nadie me lo podrá impedir.
Un día que la joven vendedora se enteró de que su amor estaba en los alrededores, fue a verle y le habló de tal manera que el joven la aceptó por su mujer. Fa se lo había prohibido y el enamorado no tardó en morir.
Los padres, cuando se enteraron de lo que había pasado, fueron a ver a la joven viuda y le reprocharon su conducta y le pidieron que les devolviese a su hijo sano y salvo. Consultaron a Fa y Fa les dijo:
- Vuestro hijo puede volver a la vida pero antes tenéis que cavar una fosa, la llenaréis de leña, le prenderéis fuego y el joven volverá a la vida
El sacerdote, ayudado por la familia, cavó la fosa, la llenó de leña, le prendió fuego y echó aceite por encima, pero ni el padre ni la madre se atrevieron a pasar a través de las llamas. La joven, viendo el comportamiento de la familia, por amor al que había tomado por marido y sintiéndose culpable de su muerte, se colocó delante del fuego y cantó así:
Sería una vergüenza si no atravesara el fuego.
El padre que trabajó para educar a sus hijos no quiere.
La madre que veló y cuidó de él no quiere
Los tíos y tías de la familia no quieren. Yo pasaré a través de las llamas, si no lo hiciese me cubriría de vergüenza.
Avanzó hacia las llamas y se cayó encima. Todos gritaron:"¡Se está quemando! ¡ha muerto!". Los allí reunidos lanzaron leña al fuego y aceite desde el amanecer hasta la noche y cuando estaba amaneciendo vieron llegar a los dos jóvenes cogidos de la mano, el muchacho cantaba:
Si mi padre que trabajó y que sufrió para criarme no quiso atravesar el fuego.
Si mi madre que veló y pasó noches enteras junto a mí no quiso atravesar el fuego. Esta muchacha me ha salvado me ha dado la libertad. Ahora soy como los demás El amor es más fuerte que la muerte.
Cuento fon

Erase una vez un joven cuyos padres habían ido a consultar a Fa cuando nació y Fa les respondió diciendo que el muchacho no debía casarse jamás. El muchacho creció y un día que se paseaba por el mercado, una joven que se encontraba vendiendo en un tenderete próximo le dijo repentinamente:
-Joven, quiero casarme contigo. El joven le respondió diciendo:
- Lo siento pero no me puedo casar contigo. La muchacha no se quedó convencida por la respuesta del joven y le contestó diciendo que sería su mujer por encima de todo y nada ni nadie me lo podrá impedir.
Un día que la joven vendedora se enteró de que su amor estaba en los alrededores, fue a verle y le habló de tal manera que el joven la aceptó por su mujer. Fa se lo había prohibido y el enamorado no tardó en morir.
Los padres, cuando se enteraron de lo que había pasado, fueron a ver a la joven viuda y le reprocharon su conducta y le pidieron que les devolviese a su hijo sano y salvo. Consultaron a Fa y Fa les dijo:
- Vuestro hijo puede volver a la vida pero antes tenéis que cavar una fosa, la llenaréis de leña, le prenderéis fuego y el joven volverá a la vida
El sacerdote, ayudado por la familia, cavó la fosa, la llenó de leña, le prendió fuego y echó aceite por encima, pero ni el padre ni la madre se atrevieron a pasar a través de las llamas. La joven, viendo el comportamiento de la familia, por amor al que había tomado por marido y sintiéndose culpable de su muerte, se colocó delante del fuego y cantó así:
Sería una vergüenza si no atravesara el fuego.
El padre que trabajó para educar a sus hijos no quiere.
La madre que veló y cuidó de él no quiere
Los tíos y tías de la familia no quieren. Yo pasaré a través de las llamas, si no lo hiciese me cubriría de vergüenza.
Avanzó hacia las llamas y se cayó encima. Todos gritaron:"¡Se está quemando! ¡ha muerto!". Los allí reunidos lanzaron leña al fuego y aceite desde el amanecer hasta la noche y cuando estaba amaneciendo vieron llegar a los dos jóvenes cogidos de la mano, el muchacho cantaba:
Si mi padre que trabajó y que sufrió para criarme no quiso atravesar el fuego.
Si mi madre que veló y pasó noches enteras junto a mí no quiso atravesar el fuego. Esta muchacha me ha salvado me ha dado la libertad. Ahora soy como los demás El amor es más fuerte que la muerte.
Cuento fon
Un cargador de agua en la India tenía dos grandes vasijas que llevaba encima de sus hombros colgadas a los extremos de un palo. Una de las vasijas era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino desde el arroyo hasta la casa del patrón.
La otra vasija tenía una grieta por donde se iba derramando el agua a lo largo del camino. Cuando llegaban, sólo podía entregar la mitad de su caudal.
Durante dos años se repitió día a día esta situación. La vasija perfecta se sentía orgullosa de sí misma, mientras que la vasija agrietada vivía avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable por no poder cumplir a cabalidad la misión para la que había sido creada.
Un día, decidió exponerle su dolor y su vergüenza al aguador y le dijo:
-Estoy muy avergonzada de mí misma y quiero pedirte disculpas.
-¿Por qué? –le preguntó el aguador.
-Tú sabes bien por qué. Debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad del agua y por ello sólo recibes la mitad del dinero que deberías recibir.
El aguador sonrió mansamente y le dijo a la vasija agrietada:
-Cuando mañana vayamos una vez más a la casa del patrón, quiero que observes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo y, en efecto, vio que las orillas del camino estaban adornadas de bellísimas flores. Esta visión, sin embargo, no le borró la congoja que le crecía en su alma de vasija por no poder realizar su misión a plenitud. Al volver a la casa, le dijo el aguador:
-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre supe de tus grietas y quise aprovecharlas. Sembré flores por donde tú ibas a pasar y todos los días, sin tener que esforzarme para ello, tú las has ido regando. Durante estos dos años, yo he podido recoger esas flores para adornar el altar de mi maestro. Si tú no fueras como eres, él no habría podido disfrutar de su belleza.
Todos tenemos grietas y limitaciones, y aun así, todos valemos.
La otra vasija tenía una grieta por donde se iba derramando el agua a lo largo del camino. Cuando llegaban, sólo podía entregar la mitad de su caudal.
Durante dos años se repitió día a día esta situación. La vasija perfecta se sentía orgullosa de sí misma, mientras que la vasija agrietada vivía avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable por no poder cumplir a cabalidad la misión para la que había sido creada.
Un día, decidió exponerle su dolor y su vergüenza al aguador y le dijo:
-Estoy muy avergonzada de mí misma y quiero pedirte disculpas.
-¿Por qué? –le preguntó el aguador.
-Tú sabes bien por qué. Debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad del agua y por ello sólo recibes la mitad del dinero que deberías recibir.
El aguador sonrió mansamente y le dijo a la vasija agrietada:
-Cuando mañana vayamos una vez más a la casa del patrón, quiero que observes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo y, en efecto, vio que las orillas del camino estaban adornadas de bellísimas flores. Esta visión, sin embargo, no le borró la congoja que le crecía en su alma de vasija por no poder realizar su misión a plenitud. Al volver a la casa, le dijo el aguador:
-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre supe de tus grietas y quise aprovecharlas. Sembré flores por donde tú ibas a pasar y todos los días, sin tener que esforzarme para ello, tú las has ido regando. Durante estos dos años, yo he podido recoger esas flores para adornar el altar de mi maestro. Si tú no fueras como eres, él no habría podido disfrutar de su belleza.
Todos tenemos grietas y limitaciones, y aun así, todos valemos.

